No hay duda de que un buen profesional del turismo debe tener excelentes habilidades técnicas, tales como el manejo de ciertos programas informáticos, conocimientos de los procesos de trabajo que se efectúan en un hotel, o el dominio de idiomas. Es lo que denominamos “Hard Skills”, son fácilmente medibles y demostrables, y era lo que, hasta ahora, daba acceso directo al mercado laboral.

Sin embargo, la transformación social y digital en la que estamos inmersos, también en el ámbito turístico, ha llevado a las empresas del sector a valorar cada vez más otro tipo de competencias y habilidades; tales como la empatía, el trabajo en equipo, las dotes de comunicación o la vocación de servicio. Son las denominadas “Soft Skills”, una serie de atributos más intangibles y difíciles de demostrar a través de un simple CV.

Los estudios y estadísticas sobre los puestos de trabajo futuros apuntan a la desaparición de aquellos puestos que puedan automatizarse, pero cuando llegamos a la empatía, la creatividad o la resolución de conflictos, nos damos cuenta de que se trata de algo que, por ahora, las máquinas carecen.

Conscientes de ello, en nuestro ciclo de Gestión de Alojamientos Turísticos llevamos ya años trabajando esa suma de“Hard Skills” y “Soft Skills” utilizando para ello nuestros programas de salidas profesionales, actividades en equipo, prácticas internacionales y proyectos transversales donde, no solo cuenta el resultado, sino el trabajo, la habilidad y actitud demostrada para alcanzarlo.

Sólo de esta forma conseguimos lograr un correcto equilibrio entre ambas competencias que permita formar el talento cualificado que demandarán las empresas en un futuro cercano, asegurando de este modo una elevada empleabilidad en un ámbito tan exigente como es el trato y servicio a las personas.

David Casanelles

Responsable del área de Hotelería y Turismo