Cuando decimos que estamos orientados queremos transmitir que sabemos dónde vamos. Para poder tener orientación debemos conocer dónde estamos, dónde queremos ir y qué caminos o alternativas tenemos para construir nuestro trayecto.

Ahora bien, no es solamente una acumulación de datos, debe tener sentimiento. El orientador debe conocer y sentir lo que el alumno / a siente, puede y quiere.

Nuestra escuela recibe los alumnos en primero de ESO, primero de Bachillerato y primeros de Ciclos Formativos. Nuestro primer objetivo es y debe ser plantar la semilla de la ambición por la formación en sí mismos, con las peculiaridades de cada edad. Sin motivación ni pasión no nos movemos.

Podríamos disponer de la figura del orientador, pero ambicionamos lograr que todos los miembros del equipo docente conozcan todas las posibilidades, dentro y fuera de nuestro centro, y por eso aprovechamos la larga experiencia que tenemos en empatizar con los alumnos desde la función tutorial y el paraguas de las 11 c’s.

Conocer las inquietudes del alumno / a permite elaborar con él un itinerario que lo lleve desde el inicio de su formación con nosotros hasta desarrollar al máximo sus posibilidades y confeccionar un currículum que asegure su inserción laboral con éxito.

La función de la institución escolar debe ser formar intelectualmente, personal y laboralmente a todos los alumnos y promocionarlos hasta el siguiente estadio (puesto de trabajo, universidad, ciclo formativo, ….).

Para ello disponemos de un Plan de Orientación que conoce todo el equipo docente y no docente y así todos podemos incidir siempre en la importancia de tener objetivos y de construir nuestro propio camino.

Joan Segarra

Director de Monlau La Sagrera

La escuela del futuro debe pensarse mientras se trabaja en la cotidianidad docente y mientras se sigue la evolución social, científica y tecnológica de nuestro tiempo.

¿Qué queremos transmitir con esta afirmación? Que una escuela es una organización viva, con una estrecha relación con los momentos históricos que atraviesa y con la exigencia de preparar a nuestros alumnos para un futuro del que desconocemos sus exigencias.

Pocas personas estarían en desacuerdo con el hecho de que una escuela del S.XXI debe tender a la inclusividad. Es la manera más justa, digna y democrática de atender a una diversidad humana y competencial. También es la mejor manera de facilitar el acceso al conocimiento que demanda nuestro tiempo. Pero cuando aceptamos las premisas de la inclusividad ¿qué queremos lograr con ello? Pero cuando aceptamos las premisas de la inclusividad ¿qué queremos lograr con ello? ¿Resolver los conflictos de la atención a la diversidad en un aula? Pero cuando aceptamos las premisas de la inclusividad ¿qué queremos lograr con ello? ¿acercarlos al mejor conocimiento posible?

Probablemente, todo esté incluido en el proceso. Ppero lo que debemos asumir con claridad meridiana es que los preparamos para integrarse y contribuir a configurar una sociedad inclusiva.

Una sociedad en que se han revolucionado la información y las comunicaciones, donde la tecnología nos está llevando a incorporar paulatinamente la inteligencia artificial a todas las facetas de nuestra viva, en donde la ciencia aporta miradas disruptivas en periodos cada vez más cortos de tiempo, en donde la esperanza de vida se va alargando hasta el punto de aproximarnos a una esperanza de vida insospechada hace solo unas décadas y en donde las desigualdades sociales catastróficas que condenan a media humanidad a la pobreza, el desamparo y la muerte, ya no caben en las mentes de los ciudadanos de un mundo que se sabe suficiente para proporcionar los recursos necesarios.

Educar para una sociedad inclusivaes sentar las bases educativas para construir un futuro en el que se atienda y se entienda la diversidad, pero buscando la cohesión de la humanidad, salvando las barreras artificiales que nos enfrentan, que provocan desigualdades e injusticias e impiden que los beneficios de los avances científicos favorezcan a todos. Un futuro en el que toda la humanidad se beneficie de la información y de las comunicaciones, en la que la inteligencia artificial nos libere de obligaciones productivas para que podamos dedicarnos a ayudar y fomentar el bienestar universal y que nos pueda conducir a un aumento de la esperanza de vida que nos permita aspirar, en un futuro próximo, a ponérselo difícil a la muerte e imposible a la posibilidad de no poder tener acceso a una vida digna.

Nicolas Denia

Hace algún tiempo, se incorporó a la ESO el trabajo por proyectos y las colaboraciones entre asignaturas. Hoy, esta iniciativa ya ha comenzado a dar sus frutos y los estudiantes son más competentes y están bien entrenados para trabajar cooperativamente.

En cuanto a los proyectos, este curso ha aumentado las horas y han pasado de tener un horario itinerante a ocupar toda la tarde, tanto en primero como en segundo. Este hecho ha sido clave para trabajar en proyectos transversales que han implicado una amplia gama de temas.

En el caso de los estudiantes del primer año, después de un primer momento destinado a conocernos, hemos empezado el proyecto dedicado al barrio de Sant Andreu. Al final, los estudiantes han creado su propia agencia de viajes y han terminado de diseñar su modelo de patio.

Por otro lado, con los alumnos de secundaria, hemos dedicado el curso a un único proyecto: los Juegos Olímpicos y la creación de una candidatura olímpica y todos los elementos que la componen, como la mascota, el himno o la infraestructura hotelera. En el caso de la mascota, la comunidad educativa eligió la mejor creación a través de las redes sociales; La decisión fue complicada, ya que las diferentes propuestas tenían un gran nivel y rebasaban una vez más todas nuestras expectativas.

En relación con las colaboraciones entre asignaturas, la coincidencia horaria total, como en el caso de los idiomas (catalán y castellano), o parcial, como en el caso de sociales y naturales, nos ha permitido dar la vuelta a la metodología tradicional en estos temas, evitando la repetición de contenidos compartidos y apostando por el trabajo cooperativo como una forma de aprender más dinámica y enriquecedora.

En este sentido, la mejora de los resultados no se ha hecho esperar. Cuando los estudiantes experimentan por sí mismos lo que anteriormente les dijimos a través de una clase magistral, el aprendizaje alcanzado es siempre más sólido. Por ejemplo, adaptarndo y representando cuentos populares, han aprendido lo que es la literatura popular; viendo una cuadro de Rubbens han entrado en la mitología clásica y la pintura; inventando un nuevo código, han comprendido la dificultad de comunicarse… Además, han sido capaces de mejorar sus habilidades orales, que son muy importantes para la vida cotidiana y que prácticamente no se potenciaban.

El cambio metodológico ha significado una motivación hacia el aprendizaje tanto para los estudiantes como para los profesores. Con entusiasmo, hemos contribuido al grupo con «nuestras virtudes» y hemos aprendido de las aportaciones de otros, hemos alentado la creatividad, hemos encontrado recursos para la investigación y transmisión de información y, sobre todo, nos hemos divertido haciéndolo.

Nuria Pascual y Manel García

Coordinadores de la ESO

La madurez intelectual es un concepto cuyo significado ha estado estrechamente relacionado con los diferentes momentos históricos por los que ha atravesado la humanidad. Con esta afirmación queremos decir, que no existe una idea inmutable de lo que significa madurez intelectual sino más bien un significado que se va perfilando en la medida en que la sociedad muestra sus necesidades y sus aspiraciones.

Amparándonos en esta evidencia, iniciamos hace unos años un proceso de reflexión, formación y experimentación, relacionado con los objetivos últimos de las enseñanzas y los aprendizajes. Un proceso que culminó en el diseño y puesta en escena del Proyecto Conocimiento.

Los resultados no han tardado en aparecer y hemos podido confirmar que vamos por el camino correcto. La madurez intelectual que nos demanda estos momentos históricos exige aprendizajes activos en los que las competencias y los talentos se desarrollen en un clima favorable, con una mirada transversal e interdisciplinaria sobre el conocimiento, con un rol activo de nuestros alumnos, con potentes apoyos tecnológicos y en un clima cálido, afectuoso y con altas dosis de motivación.

El resultado nos muestra un modelo de conocimiento en la que la madurez intelectual viaja en compañía de la emocional, formando una combinación que garantiza que nuestros alumnos experimenten unos aprendizajes susceptibles de contribuir, en múltiples maneras, a un futuro del que, actualmente, desconocemos sus demandas.

Sonia Mendiola

Jefe de estudios de ESO y Bachillerato